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Riccardo Specchia

Ya regreso ¡Voy por la visa!

VERSIÓN EN ITALIANO

Es necesario soñar: aferrarse a la realidad con nuestros sueños, para no olvidar que estamos vivos. Es necesario soñar: y en el sueño, volveremos a encontrar valores que habíamos olvidado, descubriremos valores ignorados, reconoceremos los errores de nuestro pasado y la fisionomía de nuestro porvenir.

Giovannino Guareschi

del libro “Diario clandestino”.

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autopista “Costanera” de Tacna a Ilo

 ¿Bolivia o Chile, Chile o Bolivia?

Trataré, a través de esta experiencia de viaje, de darles algunos datos útiles y contarles anécdotas de las aventuras del largo recorrido que me separa de otros días de permiso, en estos países tan lejanos de mi cómoda Europa.

Decido tomar la vía más fácil, Chile. En la costa, cada vez más al sur. Bolivia tendrá que esperar, demasiadas montañas y muchos días son los que me separan del límite. Tengo poco tiempo para ir y volver a Lima, y son muchos los compromisos que me esperan. Sólo necesito un par de meses, el contrato de trabajo llegará en setiembre.

Me vuelvo “ilegal” por algunos días. Es posible. Tendré que pagar algunos dólares a migraciones (1 por día de clandestinidad para ser más exactos) pero no importa. Tengo que salir del país. Decidiré las paradas en el momento, tengo una semana de tiempo antes de dejarme absorber por la ciudad Beta: Lima.

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Elijo Chile, elijo veinte horas de autopista o lo que más se le parece, elijo una vez más el desierto.

Viajamos ligeros, abandono la capital peruana en uno de sus típicos grises atardeceres de invierno. El viaje pasa en un abrir y cerrar de ojos y de pronto me encuentro en los alrededores de Moquegua. El sol ya no se puede esconder detrás de las cortinas de mi ventana. Estoy más al sur de lo que he podido estar en toda mi miserable vida y saber que para llegar al polo sur necesitaría al menos otras dos semanas de viaje, me hace sentir un minúsculo granito de arena. Sigo bajando en el desierto de piedra de Ica, Nazca, Moquegua, Ilo y Tacna; en el cual vacas flacas se encargan de desaparecer esas pocas plantas que, valientes, siguen dando color a algunos afortunados oasis dentro de este enorme desierto.

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El ómnibus se detiene. Control de rutina. Sereno y sonriente muestro mi pasaporte. Será que no corto la barba hace meses, será que me ven más gringo que de costumbre, que de un momento a otro el gigante policía de frontera n.1 me pide que baje. Me empiezan a hacer problemas: “Ud. es ilegal” – me dice -. Que inquietud te transmite esta palabra. Le explico que en migraciones me harán pagar una multa por día de excedencia y que, si estoy yendo a Tacna – última ciudad al sur del gran Perú -, en medio de la nada, no es por diversión sino para resolver este tema.

“No, se tiene que quedar aquí”. – dice. “¡¿Como?!” – le respondo incrédulo -. Me dice que entre a la caseta y que su superior me va a explicar.

¿Explicarme que? Pienso moviendo la cabeza. Estamos en el medio de la nada, en el desierto, sólo hay una “oficina” y algunas personas – policías – armadas hasta los dientes. Empiezo a sospechar que algún billete de 100 soles terminará metido entre mis documentos.

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El ómnibus me espera, converso con el chofer que me dice pocas cosas pero importantes: “esos le quieren sacar plata”. Entro a la caseta en el desierto y el policía de frontera n.2, un jefe panzón y con pocos dientes, me empieza a hablar. Le digo que no hay motivo de hacer problemas, que estoy yendo a la frontera para pagar los días de excedencia. Afortunadamente llega el policía honesto de frontera n.3 que dándose cuenta del insulto a la inteligencia en la palabras de su colega, me dice: “está bien Don Riccardo – sí, así me llama -, vaya inmediatamente a regularizar esta situación a la oficina de migraciones de Tacna” y yo me imaginé una de esas clásicas frases de efecto como conclusión de esta especie de teatrito en salsa western, como…¡Y desaparezca!

Debo decir que les agradezco, más que nada por haberme hecho sentir, por unos minutos, en una película de Sergio Leone.

Subo inmediatamente al bus. Luisa – mi gran compañera en este largo viaje -, me espera en la puerta. Desahogamos la tensión con una carcajada. El ómnibus retoma el viaje y ahora todos los pasajeros saben que soy “ilegal”. Adoro este pueblo. Ilegal, por acá, es una palabra que tiene una multitud de significados. Por eso, no me siento tan observado.

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mi primer selfie desde el cuartito en el desierto

El viaje prosigue hacia Arica, primera ciudad de puerto en Chile, después la frontera.

El ómnibus hace su última parada en el límite peruano. Llegamos a Tacna. El sol es fuerte y brilla como solo en el desierto sabe hacer. Estamos en la zona franca. Aquí, todo se puede comprar, aquí vienes con fajo de billetes y puedes comprar, vender o rematar todo lo que puedes imaginar… Todo sin impuestos del Estado.

Los hoteles de esta ciudad también tienen un estilo que recuerda uno de esos refugios para ambiciosos negociantes en busca de fortuna. Las avenidas principales están llenas de dentistas y fabricantes de lentes. Casas bajas, calles anchas y recordatorios religiosos pintados en las paredes, para no perderse en la ruta hacia el “buen camino”.

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Tomamos desayuno rápidamente en una cafetería de la estación de autobuses. Quiero continuar mi camino hacia Arica lo antes posible, cruzar la frontera y no volverme a encontrar en situaciones de película como las que viví en Moquegua. Tomamos un jugo especial hecho de frutos tropicales y locales como: papaya, maracuyá, mango o aguaymanto. ¡Delicioso!

En marcha. La primera cosa por hacer es encontrar una especie de “Caronte” transportador de almas que por pocos soles nos haga cruzar el límite que se encuentra a unos treinta minutos de Tacna. Lo encuentro, cuesta 25 soles – un poco más de seis euros -. ¡Trato hecho, llévanos a Chile!

Parece que el carro de este señor va a explotar en cualquier momento. Los llaman “colectivos”, es decir automóviles repletos de maletas que buscan cargar personas y cosas, en modo de poder “volar” en el desierto donde no puedes saber lo que te espera.

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Llegamos a Arica, un puerto al norte de Chile ubicado a solo 18 km al sur del límite con el Perú. Actualmente es la capital de la provincia de Arica con una población de 200.000 habitantes aproximadamente. Pasamos dos días en esta ciudad-limbo aprovechando el sol y las playas tranquilas de mar frío.
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Arica – Chile

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Se trata de una ciudad de pescadores que, entre 1879 y 1883, dio lugar a una de las batallas más violentas de la historia militar peruana: “el Asalto y Toma del Morro de Arica”, durante la guerra del Pacifico.

Transcurrimos nuestro tiempo respirando el inconfundible aire del océano, un relax completo entre pesquería, pequeños paraísos costeños, mucha cerveza y empanadas chilenas!

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Morro di Arica

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Llegó el gran día. Regreso a Perú para resolver, de una vez por todas, la situación de mi pasaporte. El tiempo siempre es tirano!

Dejamos nuestro escuálido y económico hotel de provincia para retomar el viaje. La tensión se siente, me doy cuenta que aquí los encuentros con los policías de frontera son como una lotería. Me toca hablar con una policía mujer y no dudo en hacerle “ojitos” para conquistar un mínimo de empatía y comprensión. “He elegido vivir en el Perú – le digo -, quisiera otros días para obtener la ciudadanía y viajar al interior del país”.

Ella, como era de esperarse, hace algunas muecas, me mira, alza las cejas y sentencia: “no te puedo dar más de 140 días” – dice levantando la voz para que la escuchen y todo sea más solemne -.

Perfecto! Justo los que necesito. Grazie mille!

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apuntes de viaje

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en los alrededores del hotel

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De nuevo en Perú, de nuevo de carreras hacia la capital. Antes de afrontar nuevamente 20 horas de viaje de regreso a Lima, quiero premiar nuestros esfuerzos en un restaurante del puerto de Ilo a lo largo de la costanera peruana.

Comemos pescado y cebiche hasta reventar, ahora todo es más calmado y me siento feliz y tranquilo.

De nuevo soy “legal!” Último deseo, un paseo en el puerto de Ilo y luego tomamos el bus hacia el norte.Un muelle lleno de barcas flotantes y lobos marinos entre dormidos y despiertos, envueltos por una luz irreal sobre las olas del océano.

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Julián, el amigo pescador (Ilo)

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Proverò a documentarmi ancora e scrivere dal Perù. Vediamo insieme cosa succede. “LA FINESTRA ANDINA…” è il titolo di questo diario.  Per chi volesse affacciarsi, prendete nota. L’indirizzo è sempre quello. 


foto (desde el celular)_Riccardo Specchia
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2 comments on “Ya regreso ¡Voy por la visa!

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