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Riccardo Specchia

Soy la fotografía de un desaparecido
La sangre dentro de tus venas
Soy un pedazo de tierra que vale la pena […]

Soy lo que sostiene mi bandera
La espina dorsal del planeta, es mi cordillera
Soy lo que me enseñó mi padre
El que no quiere a su patria, no quiere a su madre
Soy América Latina, un pueblo sin piernas, pero que camina
¡Oye!

Latinoamérica
Calle 13

“En esta arena combaten duramente y hasta el último fino suspiro, nuestras pasiones. No es solo una estúpida lucha, es algo que representa nuestro pasado, nuestra cultura. Una forma de vida”.

Hugo Razuri, juez histórico del Rosedal, un campo de pelea de gallos, habla con voz alta y solemne, no hace gesto alguno, y me mira sin sorreir mientras me habla de la pasión que mueve su trabajo. “Ahora me dedico exclusivamente a esto, es algo que no puedes entender si no lo vives desde adentro”.

La pelea de gallos es una actividad muy cruel que, de Cuba para abajo, es muy seguida por los apasionados, un folclore con reglas y códigos, algunas  veces secretos y clandestinos. Algunos documentos históricos, nos dicen que se trata de un práctica muy antigua. Se cree que ya en la antigua Persia del 4000 a.C., la figura del gallo tenía un significado de culto religioso y que era uno de los pasatiempos de esta civilización (3300 a.C.-1500 a.C.).

Algo que en Europa no “tenemos en la sangre” como dice, con sus 60 años, el juez y celebridad en el extraño mundo de crianza de gallos de pelea. En algunos países, este deporte popular, todavía es difundido y apasiona sobre todo a los apostadores, quienes invierten su propio dinero en uno de los dos gallos. La pelea llega a su fin cuando las heridas dejan aturdido o muerto a uno de los dos gallos.

 

Cuando los gallos cumplen el año de edad, se les corta la cresta y las espuelas, debido a la vulnerabilidad de estas partes durante el combate. Hugo, dice que las espuelas deben dejar el lugar a las “picos”,  pequeñas navajas que se atan a la pata izquierda. Puede ser este un detalle que acentúa la crueldad de los hombres hacia esta raza desafortunada pero Hugo aclara: “con esta arma, los golpes son casi siempre mortales, llevados con precisión a la garganta o bajo el ala. Sin ‘pico’ o ‘navaja’ pelearían  continuamente incluso por horas hasta desangrarse.

Camino en silencio en este ruidoso circo hecho de gestos y sangre. “Blanco, no azúl, 10”, se escucha entre voces confusas en lo alto de las gradas del anfiteatro. Pienso que el gallo de pelea es en parte como el símbolo de esta polvorienta y frenética tarde en Lima. La cerveza va y viene y las tenues luces del local trasmiten esa adrenalina con sabor a America. Un aroma de sur y resistencia.

Observo mientras reflexiono sobre el tiempo pasado aquí en la ciudad, entre los andes y el Pacifico. Aún no sé cuál es la forma correcta de contar el Perú. Ya son 5 años que lo intento, y observando desde el lente de mi cámara fotográfica, encuadro el rostro enredado de un señor elegante de bigotes poblados. Es esta la forma de este país. 

América y sur, como se escribe? Como se puede contar esta tierra? Probablemente creyendo en ella, con pasión y rabia. Algunos amigos me decían que uno se puede enfermar de América Latina, no tomé en serio su consejo.


foto_Riccardo Specchia©
VERSIÓN IN ITALIANO
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One comment on “America de gallos y pelea

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